El Maleconazo: Testimonios/Eye Witness Accounts

MaleconazoPrensa.jpg

"Estuvimos allí -, bajo el sol ígneo, desfilando y gritando en el Muelle de Luz, en el Castillo de la Fuerza, en el Malecón, salpicados por el agua de mar, gritando y desfilando, y enfrentando también nuestros puños a los palos y fierros de los matones y a las pistolas y metralletas de los centuriones y coreando también ¡Libertad! ¡Libertad! Hasta perder la voz en las barbas del tirano".

¡Con ustedes! Mensaje de Mario Vargas Llosa en homenaje a los heroes del Maleconazo

For a full gallery of photos and videos of the rebellion known as El Maleconazo see: “Remembering El Maleconazo

On August 5, 1994 young people from the most humble neighbourhoods in Habana, Cuba took to the streets of Habana to raise their voices against police brutality and demand freedom. The rebellion lasted for several hours and was known as El Maleconazo as the uprising took place along a section of the Malecon area.

What follows are extracts from eye witness accounts to the rebellion

EXTRACTS FROM EYE WITNESS ACCOUNTS/testimonios de participantes

Dayami Castillo happened upon the disturbance while riding her motorbike. She saw hundreds or more rampaging, shouting "Liberty!" and "Freedom!" The windows of the Deauville Hotel on the waterfront were smashed. Nearby stores were looted. Castillo had a camera with her. She began to take pictures.

From her apartment window overlooking the Malecon, Gladys Gonzalez saw chaos.

"I heard people shouting `Liberty! Liberty!'" she said.

Gonzalez, 41, watched as the battle raged for several hours. Police tried to push the crowd off the Malecon. People fled up side streets, only to reappear at a different point on the seafront boulevard.

Several police cars were overturned. Windows of other patrol cars were smashed with stones, Gonzalez said. Suddenly - Gonzalez doesn't know why - the crowd surged west on the Malecon.

Ana, 46, would not give her last name, but said she was returning home from a grocery store. She heard a man screaming for people loyal to the government to help put down the riot.

Something inside Ana snapped. She decided to take to the streets - to join the riot, not to quell it.

"Mom, don't go," her son begged. "I know the way you are."

She left nonetheless. When she arrived at the Malecon, she found herself screaming at a soldier: "If this is a democratic country, why can't people express their ideas?"

Then she saw something that disturbed her even more. About 200 members of the Blas Roca Brigade - the construction workers loyal to the government - were stationed near the offices of the U.S. Interests Section. They were armed with knives, chains, cables and clubs.

Ana saw the crowd rushing in that direction; she thinks they were being herded into an ambush.

She tried to run toward the Malecon to warn the crowd to turn back, but she was caught, pummeled and arrested. Later, she was released and told to stay in her house.

CUBANS LOSING THEIR FEAR OF CASTRO LONG-QUIET PEOPLE VENTING THEIR ANGER

DON MELVIN Staff Writer. Sun Sentinel. Fort Lauderdale: Aug 14, 1994. pg. 1.A

MilesProtestanEnLaHabanaElPais.jpg

Yo te cuento lo que vi.

Había una masa tremenda en la misma esquina de Galiano con Trocadero, a unos metros escasos del hotel Deauville. Este conglomerado estaba gritando cosas contra la revolución, por ejemplo, gritaban "Libertad", "Libertad", "Libertad", "Abajo Fidel" y otras cosas. Carro patrullero que se acercara… desde las azoteas y balcones de las casas les tiraban piedras y botellas. Quiero decirte que no solamente era el enorme grupo de gente en la calle. Los vecinos de los alrededores participaban, y con carácter protagónico.

A mi juicio, se intentó convencer a la ciudadanía de que quienes participaron eran vándalos, sin ley, saqueadores que fueron a romper vidrieras y robar, etcétera. Esa imagen no fue real. Muchos eran vecinos del barrio, obreros, individuos y mujeres, de esos que uno ve todos los días ir al trabajo y regresar, salir con sus hijos los domingos, y que uno se encuentra a cada rato en la bodega, en la cola del pan, de la leche, y al final los saludaba por la constante coincidencia.

No recuerdo haber escuchado gritos propios de delincuentes. Lo que escuché fue 'Abajo Fidel' y 'Libertad', etcétera. 

El hambre colapsó la paciencia»
Un testigo de la protesta popular de agosto de 1994 cuenta cómo vivió los sucesos en La Habana.
Miguel Cabrera Peña, Santiago de Chile. Viernes 3 de agosto de 2007.
CubaEncuentro en la Red

Llegué al área del Malecón cuando aún quedaban brotes de protestas. Unos muchachos del barrio que habían participado en ellas me comunicaron lo que estaba sucediendo, y sin pensarlo dos veces, me dirigí en mi bicicleta china al área del conflicto. Era algo parecido a una película. Nunca antes había visto tanta exaltación en la gente. Mucho menos un enfrentamiento masivo contra las fuerzas represivas de un régimen que aplasta todas las libertades civiles del pueblo cubano. Pude ver a innumerables jóvenes esposados y conducidos por grandes cantidades de policías que, al pasar cerca de los balcones de edificios aledaños, eran confrontados por otros muchachos que les gritaban: “¡asesinos!”, “¡esbirros!”, y la frase más coreada era: “¡libertad!”, “¡libertad!”. Era como el desahogo masivo de gentes que por años guardaban dentro de sí el enorme deseo de ser libres. Una libertad que nunca habían conocido.

La represión no se hizo esperar, y el régimen lanzó a las calles turbas paramilitares compuestas por la brigada Blas Roca Calderío, constructores devenidos en porristas de un sistema que los explotaba al máximo en su trabajo.

Los agentes de la Seguridad del Estado, vestidos de civil, aparecieron fotografiados en periódicos internacionales con sendas armas apuntando a la población indefensa. La policía pateó a cuanto joven capturaba y los disparos de sus pistolas intentaban controlar una situación que hubiera sido el final de una dictadura que se resiste a perder el poder aunque tenga que masacrar a todo un pueblo.

Jeeps de asaltos con ametralladoras de 70mm recorrieron las calles habaneras, incluyendo barrios lejanos al Malecón. Esta demostración de fuerza y clara amenaza contra la población no me dejó dudas de que dispararían en el momento en que llegara la orden por parte de la alta jerarquía de la tiranía. Más aún, la orden estaba dada.

Miles de jóvenes fueron encarcelados en prisiones de extremo rigor como Kilo 8 en Camagüey, y la represión se acrecentó al máximo contra los opositores pacíficos, culpándolos del desorden creado en una Habana enardecida y caliente. Los arrestos fueron masivos y apenas muy pocos quedaron en la calle para denunciar lo que sucedía. Las líneas de teléfonos al exterior fueron interrumpidas y solo las imágenes de periodistas acreditados en la isla pudieron ser vistas por ojos espantados de cubanos en el exilio que carecían de la información necesaria.

El resultado fue, una alta cifra de prisioneros, innumerables arrestos y una válvula de escape llamada éxodo masivo que inundó las aguas del norte de La Habana, teniendo que ser desviado hacia la Base Naval de Guantánamo por guardacostas norteamericanos hasta su posterior pacto migratorio que determinaría quién tiene los pies secos o mojados. Castro “limpió” el campo y muchos de los opositores que nos quedamos fuimos a parar a prisión poco tiempo después.

EL MALECONAZO". Por: Iliana Curra. Cuba Democracia y Vida

Luego, sin que hubiera habido organización previa, sin ser dirigida por nadie, espontáneamente, la multitud marchó primero por la Avenida del Puerto, en la vieja Habana, y después por el Malecón.

Gritaban consignas contra el comunismo, contra el gobierno, contra Castro, y se decían entre sí "Se jodió esto", "Ahora sí ya se acabó el socialismo", "Se cayó Fidel", pero sobre todo coreaban a voz en cuello "¡Libertad! ¡Libertad!" Al pasar frente al Palacio del Turismo, en la Avenida del Puerto y la calle Cuba, comenzaron a "caerle" pedradas a las "guaguas" de turismo, objeto de su furia porque el turismo marcaba la diferencia entre una vida privilegiada y la miserable que ellos llevaban. En el camino se les unían más y más personas, que de espectadoras pasaban a ser manifestantes también. Seguramente en sus mentes y en sus corazones estaban presentes las manifestaciones multitudinarias que no mucho tiempo atrás habían barrido los regímenes comunistas de la Europa del Este. Quizás ellos podían hacer lo mismo, quizás ellos, manifestándose así, masivamente, podrían derrocar también a la dictadura castrista, que al cabo era una dictadura más. Si otras naciones lo habían conseguido, ¿por qué ellos no? Y continuaban avanzando por la ancha avenida del Malecón, con el mar a su derecha y a la izquierda otro mar de ventanas y balcones que se abrían y poblaban de gentes atónitas o solidarias que los veían pasar. En la bocacalle de Galiano estaba el hotel Deauville y los manifestantes rompieron sus vidrieras a pedradas. Otro tanto hicieron con las tiendas "dólar", enclavadas en los alrededores y en otras calles, pues la "despenalización" del dólar había traído un aumento considerable de las desigualdades entre los que tenían dólares y los que no. Había rabia en el pueblo por ello.

Al llegar al parque Maceo, donde se alza la estatua del libertador mulato de Cuba, y donde en la época de la dictadura de Batista los estudiantes se congregaban para marchar, por ese mismo Malecón o por la aledaña calle de San Lázaro, hacia el Palacio Presidencial, o ya aquí se enfrentaban a la gendarmería batistiana; aquí, donde un héroe muy popular de la revolución, Camilo Cienfuegos, fue herido por primera vez en su vida, chocaron los actuales manifestantes con la policía castrista. No disparó ésta a matar, pero sí cargó contra la multitud con porras, cabillas, tubos y otros objetos contundentes. No empleó sólo el gobierno a su policía, sino sobre todo a su mafia parapolicial, las denominadas Brigadas de Respuesta Rápida, que no son otra cosa que militares vestidos de paisano, una especie de SS nazi disfrazada de organización ciudadana. Los manifestantes se dispersaron entonces por esa zona central de La Habana, por las calles Belascoaín, la mencionada San Lázaro, Neptuno, el barrio de Colón, lanzando los mismos gritos contra la tiranía, pidiendo libertad y, como hemos visto, rompiendo algunas vidrieras de hoteles y de tiendas especiales para turistas. Pero 35 años atrás, el 1 de enero de 1959, algunos habaneros habían hecho lo mismo para acabar con los salones de juego que había en esos hoteles de lujo. Antes destruían el vicio, ahora en lugar de privilegios, un sitio turístico que los ofendía y humillaba. Como antaño, se trataba de un desagravio, o si se quiere una venganza.

La improvisada protesta llegaría a miles de manifestantes hacia el mediodía. Esta es la cantidad que dan The New York Times y France Press, pues la agencia oficial de noticias cubana Prensa Latina los calcula en unos cientos. Miles o cientos, lo real es que por primera vez en 35 años de castrismo se producía un acto de rebelión, ya que el único conato que hubo antes fue durante el episodio de la embajada del Perú, cuando una noche un grupo de ciudadanos avanzó por la bella Quinta Avenida de Miramar gritando "¡Abajo Fidel!" Pero entonces fue sólo un pequeño incidente aislado. Ahora se trataba de una manifestación en toda regla, como si el volcán que era -y sigue siendo- Cuba, hubiera por fin hecho erupción.

Un testigo presidencial me refirió lo siguiente: "Empiezo a subir por Lealtad y cuando llego a Neptuno, lo mismo. Estaban acabando con todas las tiendas área dólar de la zona. Lo único que escuchaba era una gran algarabía, ruidos de cristales rotos y gritos de ¡Libertad! y ¡Abajo Fidel! Sigo subiendo y llego al cuartel (estación de policía) de Zanja. Ahí estaban concentrados y a toda la policía se le veía temerosa. Muchos tienen parientes o viven en la zona del conflicto. Tenían bloqueada la calle. Uno parado al lado del otro con armas largas AKM, temiendo que la gente pudiera acercarse a la estación y lanzar cócteles molotov o piedras. Y se escuchaban gritos de candela, hay que darle candela a toda la Habana.

"En toda la zona del conflicto: los muelles, la Habana vieja y centro Habana, de Reina hasta el Malecón, y desde la Avenida del Puerto hasta Belascoaín, las calles estaban bloqueadas para los turistas con tanques de basura. Más de cien mil personas deben haber participado, aunque activamente sólo un 10 ó un 20%. Todas las cuadras se encontraban repletas de gente y para las 5 ó 6 de la tarde ya Fidel tenía controlada la situación con un despliegue inmenso de policías, tropas especiales, ejército, milicianos y contingentes. Durante varios días fue un mar de uniformes azules. Toda la zona estaba sitiada."

A la rebeldía sucedió la represión. Y, para darle legitimidad, Fidel Castro se presentó, horas después, en el lugar de los hechos. Según dijo, venía a recibir también su cuota de "balas y piedras". Recorrió algunas calles hasta el castillo de La Punta, al final del Paseo del Prado, y para la prensa, sobre todo extranjera, sin que le vacilara la vergüenza, dijo: "Lo importante es que el pueblo está librando esta batalla y por eso yo estoy junto al pueblo". Era el pueblo el que se había rebelado contra él, pero él, con esa capacidad para la demagogia que tiene, invertía los términos. No era de extrañar en "el gobernante más mentiroso del mundo", como lo había calificado Gorbachov.

En el enfrentamiento con las fuerzas represivas, había habido algunas decenas de heridos -no graves, y tampoco había habido muertos- y otras decenas de detenidos. Pero a la noche de ese día 5 de agosto de 1994 se desató la represión. Y se desató precisamente en circunscripciones populares de la ciudad. En el barrio de Colón, por ejemplo, fueron sacadas de sus casas personas sospechosas de haber participado en la manifestación o de haberse mostrado solidarias con ella. Para esta labor de delación apeló a los tristes Comités de Defensa de la Revolución, que denunciaron a participantes y simpatizantes de la revuelta. En un alarde de poder, componentes de las Brigadas de Respuesta Rápida, de los CDR y miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y, cómo no, policías con vestimentas civiles, capitaneados por el secretario general de la UJC, Juan Contino, efectuaron a la tarde una contramarcha por las mismas calles y lugares que los manifestantes habían transitado por la mañana, vociferando contra los "traidores", "vendepatrias" y "contrarrevolucionarios" y a favor de Fidel y la revolución. El corresponsal de El País, Mauricio Vicent, relataba así la airada respuesta castrista a la manifestación: "... el malecón y las calles de La Habana se llenaron de gente que, desplazada en autobuses y camiones por las organizaciones de masas cubanas o llegadas de centros de trabajo cercanos, recorrió la ciudad coreando consignas a favor de la revolución e insultando y agrediendo a quienes se manifestasen contra el Gobierno [énfasis mío]". Y en otro momento de su crónica: "... grupos de civiles armados con palos y tubos de metal, la mayoría miembros de los Destacamentos de Respuesta Rápida, recorrían las calles coreando consignas a favor de Fidel Castro".

EL MALECONAZO: REVUELTA CONTRA CASTRO

Por César Leante
Madrid
La Ilustración Liberal, 21 de junio de 2004